Imperdible
Llamó la atención por su espasticidad, por su dureza, por sus movimientos tercos, duros. Rectos.
Al rato, se entendió: el hombre -europeo, creímos- tenía entablillado un brazo. Así tomó sol. Así leyó. Así se bancó toda la tarde en el Parque Tayrona.
Y así gozó del agua templada, de los pececitos acariciándole los tobillos.
Que nada nos impida disfrutar de la vida, parece decir. Él, por lo pronto, disfrutó.
Parque Nacional Natural Tayrona, Colombia
Febrero de 2010


